Fortunas con nombre de mujer

28 de Junio de 2019 - Roberto Funes Ugarte

 


En una lista dominada por hombres, los nombres de la dueñas y herederas de históricas fortunas de la Argentina se destacan e imprimen su propio sello a su entorno.

En la lista argentina de millonarios Forbes de Argentina se destacan los nombres de algunas mujeres. El más emblemático, sin duda, el de la nieta de quien supo ser la mujer más poderosa del país, portadora de un apellido que aún hoy sintetiza el concepto de establishment vernánculo: Amalia Amoedo, la nieta de Amalita Lacroze de Fortabat. “Ama”, como le dicen sus íntimos, la gran heredera junto con su hermano, está algo alejada de los despachos de las grandes corporaciones –propias o ajenas. Eligió, desde hace mucho, el mundo de las artes. Desde marzo, Amalia es la primera mujer en ocupar el cargo de presidenta de arteBA. Poseedora de un gran talento para la pintura, la artista plástica no sólo ha llevado al máximo exponencial la colección Fortabat y su museo, sino que además fomenta y potencia a los artistas cuyas obras ella misma promociona. Fanática de Racing, Amalita Amoedo alardea de un notorio eclecticismo, tanto en su manera de vestir como es su modo de vivir. Astróloga y devota de la literatura y del teatro, ha sabido abrirse camino con sus propias reglas.

Amalia Amoedo

Su recorrido por el mundo es constante y sus asiduas visitas a Art Basel en Miami o a la Bienal de Venecia como representante del arte argentino, ubican a la hija de Julio Amoedo e Inés de Lafuente como una de las embajadoras en lo suyo. Su debilidad son sus dos hijas que, al igual que su madre procuran la poca exposición. Sin embargo, fanática de las redes, “Amalita” sabe cómo mantener a sus seguidores entretenidos con historias que salen de lo convencional y que apelan a todos los sentidos jugando con lo naïve y lo osado sin perder el buen gusto. Por cierto, al igual que su abuela, ambas comparten la pasión por el animal print y los que la conocen bien sostienen que “Ama es todo terreno y la solidaridad es una de sus virtudes”.

Aunque no muy numerosa, Amoedo tiene compañía entre las más ricas. Por caso, Lily Neumann Sielecki y su hija Nathalie. La heredera de los laboratarios Phoenix e íntima amiga de la primera dama, Juliana Awada, Nathalie domina el arte de las relaciones públicas como ninguna. Lleva una vida agitada, con una agenda repartida entre Paris, Nueva York, Buenos Aires y Villa La Angostura, donde por caso se encuentra uno de sus negocios, el hotel Las Balsas. Sin perder nunca su porte aristocrático ni su fidelidad al “menos es más”, la empresaria también heredó de su madre cierta la debilidad por el estilo chic y las fabulosas pulseras de la casa Cartier.

Esposas, hijas y millones

La italianísima Nunzia Locatelli, periodista, escritora y mujer de Marcos Bulgheroni, cuya familia ocupa el segundo puesto en la lista de los argentinos más ricos, arremete con su costado filantrópico y su libro “Descalza” basado en la historia de una santa. Su pasaje literario cierne a Nunzia con un halo más cercano a lo espiritual que a lo mundano, faceta que contrasta con su apego a las galas y recorridas por el Mediterráneo a bordo de su yate. Ambos escenarios le propician la oportunidad perfecta para un interminable desfile de vestidos de alta costura y estupendas joyas. Algo a lo que ella y el heredero de Carlos Bulgheroni están acostumbrados aún en los momentos donde “sus iguales” deciden bajar el perfil.

Abogada, egresada de Harvard y miembro del exclusivo Club Argentino que lleva el mismo nombre de la prestigiosa universidad americana, con paso firme avanza Adriana Batán de Rocca. Casada con Lodovicco Rocca es, según cuentan en los pasillos del Bellas Artes, la nuera preferida del jefe del clan y del hombre más rico de Argentina su suegro, Paolo Rocca. Con una asistencia casi perfecta a eventos sociales, esta brillante letrada descolla con sus sofisticados atuendos. Su ingenio y extravagancias la conducen a ganar en el primer round cada una de sus apariciones públicas o en pequeño comité. Haciendo maridaje entre su perfecto inglés y su no menos distinguido italiano, eleva la vara. Carismática, Adriana ostenta el título de las más codiciada entre su círculo de amistades. Capítulo aparte merecen sus llamativos tocados y casquetes que lleva con suspicacia y picardía. Siempre buscando la risa cómplice de su marido, que le corresponde en cada fiesta con una alhaja que no baja de los seis ceros. Adriana sabe cómo mantener una luz cenital sobre ella y dejar sin brillo hasta la mismísima Mona Lisa.

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