Espíritu zen en los negocios

14 de Agosto de 2018 - Vera Von Kreutzbruck

 


Guillermo Casarotti es un emprendedor serial en el área gourmet. Con sus negocios Inti Zen, Chamana y KOO! apunta a conquistar el continente.

Guillermo Casarotti siempre fue un alma inquieta. Su curiosidad por conocer otras culturas lo llevó desde su Montevideo natal a viajar un año de mochilero por el mundo, trabajar en Francia, estudiar en Estados Unidos hasta finalmente echar raíces en Argentina.Tanto su forma de hablar como de vestir y hacer negocios se distinguen por su filosofía zen. El dueño de tres empresas de productos gourmet —Inti Zen, Chamana y KOO!— recibe a FORBES después de su clase de Tai Chi y de una reunión con Inés Berton, su socia y tea blender en Chamana, la compañía de infusiones de hierbas que fundaron juntos en 2008. El ingeniero en sistemas y especialista en Marketing hizo gran parte de su carrera en empresas multinacionales como BASF, Mondelez, PepsiCo, Burger King y Monsanto, hasta que se animó a lanzar su propio emprendimiento de té en saquitos de alta gama, Inti Zen, en 2003. Fue una de las primeras compañías argentinas en recibir la certificación de Empresa B. Su pasión por emprender lo llevó a crear una segunda empresa, Chamana, dedicada a las infusiones premium, junto a la dueña de Tealosophy, Berton, en 2008. Poco después se adentró aún más en el segmento gourmet y se asoció con Alejandro Federico para crear la marca de galletitas KOO!.

¿Cómo fue la transición del mundo de las multinacionales al de emprendedor?

Siempre fui un intrapreneur. Ya tenía esa pasión por el trabajo de hormiga. A los tres o cuatro meses de renunciar, estábamos sin oficina y empecé a juntar las piezas del rompecabezas pero no lograba que coincidieran. Me sentí solo contra el mundo. Decidí hacer un retiro de cuatro días a Azul, al monasterio Trapense, y al vaciar la cabeza surgieron cosas nuevas. Dos meses después, Inti Zen estaba en la calle.

¿Cómo surgió la idea de fundar Inti Zen?

Fueron una conjunción de cosas: la crisis del 2001 del país, la mía de los 40 y el hecho de que no me gustaba lo que estaba haciendo. Soy fanático del té y en una revista leí una nota sobre Inés Berton. Me gusta el budismo y con mi mujer pensamos que sería bueno que Inés desarrollara un té para nosotros que mezclara Oriente y Occidente con saquitos de alta gama. Hoy hace 15 años que trabajamos juntos. Primero ella nos vendía los blends de Inti Zen, sin ser socia, y unos años después formamos una sociedad juntos y creamos la marca Chamana de infusiones de hierbas.

¿Qué hiciste diferente con Chamana después de la experiencia de Inti Zen?

Fui mucho más rápido para cambiar algo que no estaba funcionando. Aunque nuestro envase había ganado un premio, decidí cambiarlo porque la gente no lo estaba comprando. Al año de lanzar con los mismos canales de distribución, vendíamos una caja de Chamana y 20 o 30 de Inti Zen. Lo que pasa con las hierbas es que la gente las consume por algo: para dormir, para después de comer, y el té se consume porque sí. Cuando uno pasaba por la góndola decía qué lindo pero no sabía cuál era la funcionalidad. Un día se me ocurrió poner las palabras “energy, detox, relax” en el envase y de un mes al otro las ventas aumentaron cinco veces.

¿Cómo nació KOO!?

Cuando fundé Inti Zen no existían las redes de contención como Endeavor e Inicia. Me sentía solo en Panamericana, yendo en contramano. Yo recomiendo mucho estos círculos. Soy mentor de Mayma, de diferentes ONG como Inicia. En una de esas charlas me junté con Alejandro Federico, hoy mi socio en KOO!. En su fábrica de Lugano hace cada galletita con amor pero le faltaba ayuda en las áreas de Marketing y de Gestión, y eran cosas en las que yo podía aportar. Hoy KOO! todavía esta surfeando la ola. No da plata pero no pierde.

¿Estás pensando en algo nuevo?

Hasta hace dos años estaba desarrollando barritas de cereales raw y otros tres o cuatro proyectos más. Hasta que un día meditando tuve una sensación, y dije: “Hasta acá llegué. Voy a hacer bien Inti Zen, Chamana y KOO!”. A veces nos encontramos en la rueda de la ardillita y estamos corriendo cada vez más rápido pero no nos damos cuenta. Me bajé de la ruedita y dije: “Pará, ¿qué estás haciendo?”.

Ahí decidí ayudar a emprendedores a que desarrollen sus proyectos.

¿Cómo es Argentina para emprender?

Fascinante, es el paraíso de los emprendedores porque hay un montón de cosas por hacer. Siempre digo que el deporte número uno en Argentina es la queja. Vivimos en crisis y nada nos viene bien. El emprendedor es eso: se pregunta qué hacer en lugar de quejarse.

¿Y la coyuntura cómo afectó a tus empresas?

Tenemos la suerte de tener una buena base de clientes. En 2017 empezamos a vender en Café Martínez y en Havanna. Toda esta parte de cafetería y restaurantes es nuestra parte de degustación, la gente lo prueba, se enamora y después lo compra en el supermercado. Estamos en 5.000 puntos de venta, el 30% de nuestra facturación es la cafetería y la mayor parte se vende en supermercados. Mi foco es ser el número uno en Latinoamérica en el segmento de saquitos de alta gama.

¿Cómo te definirías como empresario?

Yo soy un creyente de hacer las cosas y luego las cosas van surgiendo. Ahí es que soy un hacedor, soy un marketinero, huelo los espacios. Aunque el camino no es fácil, es un camino de aprendizaje. En Latinoamérica hay un paladar diferente y hay un mercado virgen para los tés e infusiones gourmet.

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