“Emprendí para poder sobrevivir”

4 de Octubre de 2018 - Forbes Argentina

 


Revolucionó la TV (El rayo, Caiga quien caiga), fue el número uno indiscutido de la radio (¿Cuál es?), fundó una productora emblemática (Cuatro Cabezas) y apostó al streaming y a los contenidos multimedia con Vorterix. Ahora, lanzó un noticiero por Instagram. Él es Mario Pergolini, uno de los empresarios argentinos más osados e incansables.

A veces, veo mi vida y pienso que es la de otro. Empecé a emprender casi sin darme cuenta, porque tenía ganas de hacer cosas que me hacían feliz y, después, en base a otras necesidades que me fueron surgiendo, y por no encontrar quien me acompañara, tuve que seguir haciéndolo yo mismo”. Con su particular franqueza, Mario Pergolini arrancó así su charla ante los asistentes del FORBES Summit 30 Promesas . El conductor de radio y televisión devenido empresario fue el personaje invitado para el gran cierre del evento. Desde la fundación forzosa de Cuatro Cabezas hasta las anécdotas de la infancia que ya le auguraban un futuro marcado por la tecnología y la innovación, pasando también por sus proyectos más recientes (de Vorterix a Filo News, su flamante noticiero de diez minutos por Instagram), hasta un análisis agudo de las audiencias de hoy y sus reflexiones sobre el manejo del fracaso y las frustraciones, Pergolini dio una verdadera clase magistral.

¿Cómo te convertiste en emprendedor?

Yo solo quería hablar de música y terminé armando una empresa como Cuatro Cabezas, que empezó a exportar formatos al exterior en una época en la que no había salido ni un solo programa de Latinoamérica a Europa, menos a Estados Unidos. Hoy suena rarísimo, pero era así. Todo empezó porque queríamos hacer un programa de televisión y, en ese momento, había que tocar las puertas de los dueños de los canales, pero a nosotros nadie nos daba bola. Así empezamos el camino de una productora independiente, y nacieron El rayo y Caiga quien caiga. ¿Yo había pensado en hacer una productora, vender formatos? Para nada. Era mi forma de sobrevivir, de poder trabajar.

Siempre emprendiste cosas vinculadas a la tecnología. ¿Qué es lo que te atrapa tanto?

Desde chico me encantaban la tecnología, las computadoras, programar. Creo que la tecnología siempre me ayudó a diferenciarme en cosas que yo hacía pero que eran bastante comunes, como hablar o pasar música. Cuatro Cabezas es un caso clarísimo del empoderamiento de usar tecnología para contenidos. El hecho de usar efectos en la pantalla, como estirarle la nariz al que estaba mintiendo en cámara, era totalmente desconocido. Efectos, tipografías atractivas, edición más rápida: el público quizás no se daba cuenta de que eso que tanto le gustaba de nuestros programas tenía que ver con la tecnología, pero la cosa pasaba por ahí.

Vorterix también estuvo, desde el inicio, ligado a la tecnología.

A Vorterix lo veo en sí mismo como un hecho tecnológico. De ahí salieron muchas cosas más, porque fui teniendo necesidades con las que me di cuenta de que, si las tercerizaba, estaba perdiendo una oportunidad para hacer un negocio. En 2011, cuando arrancamos, el peer to peer no estaba bien desarrollado en Argentina. Para mí fue muy natural pensar que era mejor que lo hiciéramos nosotros, que armáramos una empresa para eso y que, con el tiempo ocioso que tuviera esa empresa, intentáramos venderles el servicio a otros. Funcionó muy bien.

Ahora hacés un noticiero por Instagram…

¿Quién que sea menor de 40 años está viendo un noticiero por televisión? ¿Quién puede ver una hora de noticias en loop? Las audiencias cambiaron y siguen cambiando. Además, ellas son sus dispositivos. No hay que entenderlas como generales y no podemos llegar a todas. Y, sobre todo, no van a venir a nosotros. Nadie abre una app que hayas creado especialmente para ver lo que querés mostrar; si están todos en Youtube o Facebook, ahí es donde tenemos que ir. Por eso el noticiero en Instagram, donde damos título, bajada y contenido multimedia. ¡Si la gente ni siquiera está viendo fútbol! ¿Qué podemos esperar? Hay solo 1.800.000 personas suscriptas al pack de fútbol. No es que el deporte no les interese, sino que el consumo hoy pasa más por ver el gol en tiempo real y el meme post partido. Se están perdiendo todo lo del medio: los jugadores pasándose la pelota, que siempre fue medio aburrido. Así es como se ve hoy la TV. Hay que entender que las audiencias están donde están, son hostiles y no son para nada fieles. Porque hoy vivimos en un mundo que les brinda mucho, demasiado.

¿Cómo vivís los vaivenes de emprender?

Me acuerdo de cuando Cuatro Cabezas llegó a tener 470 empleados. Estábamos en Chile, Brasil, España, Israel, Francia, Italia. Tocábamos el cielo con las manos. Con Diego Guebel, mi socio, nos sentíamos muy orgullosos. Pero también tuvimos momentos muy malos, tremendos. Que nos levanten los programas, no poder pagar los sueldos. Nos dimos cuenta de que podíamos perdernos y frustrarnos. Que podíamos tener cuatro proyectos y que, quizás, solo uno llegaría a buen puerto. Que era importante ver hasta dónde había que pelear una idea y cuándo darla de baja. Que había que ser generosos con la gente que trabajaba con nosotros. Lo que queríamos era hacer la empresa en la que hubiésemos querido trabajar. No es fácil, no siempre ha salido. Pero el camino siempre fue sincero. Hay algo que va mucho más allá de la ambición, que es la vocación. Para mí, crear una empresa pasa más por ahí.

¿Cuál es tu regla de oro para los negocios?

Cuando uno empieza a crecer, enseguida siente que necesita más gente. Pero hay un momento, al principio, en el que hay que ser un poco multitask. Porque, en países como Argentina, la estructura puede ser asesina. Hay que ser muy cuidadosos en la administración económica del sueño. Entender que hay momentos en los que uno cree que puede dar vuelta el resultado, pero no siempre es así. Hay que darse cuenta rápido y decir: “Es hasta acá”. Frenar a tiempo y hacerlo organizadamente. Eso, además, te va a dar tiempo para tu próximo proyecto. Hubo grandes ideas que no pudimos llevar adelante por entusiasmarnos en momentos de bonanza y pensar que ya estaba todo cocinado cuando, en realidad, nunca hay que perder de vista la buena administración.

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