“El temor es a las elecciones”

25 de Septiembre de 2018 - Virginia Porcella

 


Para Matías Eliaschev, CEO de Lazard, el principal miedo de los inversores es el electoral. La crisis cambiaria y la ola de ventas que prevé en la construcción por el impacto de los cuadernos.

Se vienen meses de mucho trabajo para Matías Eliaschev, el CEO de Lazard. El banco que dirige en Argentina y América Latina lidera la tabla de posiciones en operaciones de fusión y adquisición de compañías, seguido por JP Morgan y el Citi. El pico de actividad se dará no solo por la inestabilidad financiera que asola la economía argentina sino, particularmente, porque la causa “de los cuadernos” que investiga la corrupción en la obra pública durante la década pasada dejará un tendal de empresas con necesidad de reestructurar deuda o venderse. Claro que habrá que encontrar inversores bien dispuestos, que encuentren en Argentina una oportunidad pese a la coyuntura estresada de los mercados.

¿Es momento de invertir en el país?

Las percepciones de riesgo son bastante subjetivas y dependen de la visión de cada uno. Si uno mira la evolución de los activos argentinos, hay correcciones del precio del orden del 80%, entonces, con una visión a largo plazo, creo que hay oportunidades atractivas en muchos sectores en los que la tesis de inversiones sigue estando, como el de infraestructura o el energético. Esas historias, Vaca Muerta, por ejemplo, siguen vigentes.

Tras el sacudón cambiario, el punto ahora parecería evitar el círculo vicioso: que las consecuencias en la economía real no deriven en una nueva ola de inestabilidad.

Es difícil salir de este tipo de situaciones si no hay un catalizador. En su momento, todos pensamos que el acuerdo con el Fondo iba a ser un catalizador para cortar con ese círculo de incertidumbre que desafortunadamente no alcanzó, quizás por la condicionalidad y la duda de que potencialmente ese monto no iba a estar disponible. Pero el nuevo acuerdo debería impactar de manera positiva en el mercado porque elimina esta percepción de riesgo de que el Gobierno no tenga la financiación suficiente para enfrentar el último año y medio de gestión.

Todas las fichas a cumplir con el FMI, entonces.

El otro potencial catalizador que no es ahora, sino que va a ser más hacia fin de año, es el inicio de la nueva cosecha. Todo indica que va a ser muy buena; eso implica, según los economistas que han hecho los números, una entrada de dinero muy significativa. Estamos hablando de US$ 10.000, US$ 15.000 millones.

Hay que pasar la primavera.

Si nos aproximamos a fin de año con una situación estabilizada, el impacto de la cosecha debería tener un efecto favorable a nivel de actividad económica, y de alguna manera empezar a romper esta dinámica de falta de confianza. Es muy difícil tomar decisiones cuando uno no puede saber cómo van a ser los precios relativos de la economía en el corto plazo; la precondición para que la situación mejore es eliminar la inestabilidad cambiaria.

Estás en permanente contacto con inversores de afuera, ¿cuáles son las dudas más frecuentes que les tenés que despejar?

Hay una preocupación de inmediato, corto plazo, y otra de mediano. La de inmediato tiene que ver con una visión de la capacidad de Argentina de financiarse de acá a los próximos 18 meses, y eso está teñido por si alcanza la plata del Fondo. La segunda duda es qué va a pasar con las elecciones. La primera, de algún modo, es más sencilla de explicar porque uno puede tomar un visión técnica: estos son los vencimientos, esta es la disponibilidad de fondos y estos son los supuestos que se tienen que dar. La discusión política es más difícil porque nos hemos cansado de ver en Argentina y en la región la difícil predictibilidad en los escenarios electorales. La principal preocupación de ellos es el riesgo de que el gobierno anterior pueda volver al poder.

¿Y creen que existen muchas chances de que eso ocurra?

No soy un analista político, pero a mí me da la sensación de que, si bien las chances de reelección de este Gobierno ya no son las mismas, la alternativa ya tampoco es la vuelta anterior. Creo que la situación política actual y las estadísticas lo están mostrando. Entonces, la pregunta es cómo y qué tan parecido a este o al anterior puede ser un gobierno alternativo.

¿No hay desánimo con el Gobierno actual pese a la crisis?

En general, la visión de la comunidad de inversores internacionales es que es importante que este gobierno pueda ser reelegido. Obviamente, hay una preocupación con respecto a la coyuntura económica actual, pero no percibo, especialmente en los inversores internacionales, una visión de que el Gobierno no hizo las cosas bien; yo creo que probablemente incluso la visión afuera es más pragmática de la que hay adentro.

¿Y cuál es tu percepción de los empresarios locales?

En el empresariado local, hay un poco más de crítica o de preocupación con respecto a cómo se hicieron las cosas. Las opiniones están teñidas de las coyunturas de cada sector y, obviamente, al que le toca sacrificar no está del todo contento. En mi experiencia, las expectativas son bastante volátiles por lo malo y por lo bueno; esto se puede dar vuelta rápido.

También está el impacto de la causa de corrupción en la obra pública…

Yo veo en eso dos perspectivas: si uno ve a largo plazo, es algo favorable porque en Argentina parece haber una investigación seria contra la corrupción y que los actores involucrados empiezan a pagar las consecuencias. Pero, obviamente, en el corto plazo, esto tiene repercusión negativa, porque pone en tela de juicio un sector que es muy importante para la Argentina y la estrategia de este gobierno que es el sector de la infraestructura y construcción. El temor es cómo impacta en la capacidad de mantener los planes; la reacción inicial de los proveedores de frenar hasta que la cosa se aclare ya se está viendo.

¿Qué tan en juego queda la supervivencia de las empresas involucradas?

La supervivencia de aquellas empresas que abiertamente aceptaron culpabilidad está en duda; creo que van a tomar medidas bastante drásticas para encontrar una solución. En el corto plazo, va a generar una demora en los cronogramas de algunos proyectos, pero se va a tener que encontrar una solución. Si uno mira la historia en Brasil y en el resto de América Latina donde ha tenido ramificaciones, hay desde separación de personas involucradas e incorporación de nuevas administraciones hasta ventas de esas empresas.

¿Prevés una ola de cambio de dueños o pases de mando?

Es muy probable que haya cambios de mano; en otras, quizás, podrán mantener sus estructuras actuales con cambios de responsables. En el ínterin, también hay que mirar las empresas que estaban bastante endeudadas y tienen vencimientos. Esta situación particular, sumada al contexto macro, les va a impedir financiarse. La vulnerabilidad de una compañía se acentúa si además tiene problemas financieros. Si una compañía es rentable, en definitiva, si va a tomar la decisión de vender o no dependerá de cómo le impacta el escándalo en su capacidad de generar nuevos negocios. Si una compañía además está endeudada y tiene que pagar vencimientos y no tiene cómo hacerlo, se aceleran ciertos tiempos. Va a depender del caso, pero el sector va a sobrevivir; ese creo que es el mensaje, va a haber turbulencias, demoras, cambios, pero al final del día se va a encontrar una solución.

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