El temor a que no gane Macri

11 de Marzo de 2019 - Willy Kohan

 


Reaparecieron las dudas políticas en el mundo empresario. En principio, nadie está muy seguro de los pronósticos económicos que se hacen para 2019. Ni los más optimistas, ni los más pesimistas. A eso se suma la preocupación política por la posibilidad de que Cristina Fernández –o lo que ella representa en materia política y económica– pueda resultar una opción competitiva para ganar las elecciones de octubre. Aun un peronismo no kirchnerista genera muchas dudas en el mundo económico, sobre todo en el establishment financiero.

Los datos de mayor caída en la actividad económica que lo esperado, la aceleración inflacionaria que no se detiene y los números de las últimas encuestas que circulan entre la Casa Rosada y los principales despachos empresarios de la Argentina están empezando a pesar. O, por lo menos, a ponerse en discusión. Hasta ahora, los precios de los activos argentinos –acciones, bonos, propiedades y campos– apuestan a que Mauricio Macri será reelecto. Y eso también rige en el mercado de cambios. Pero el final está totalmente abierto. Macri necesita que la economía no se deteriore más, que Cristina sea candidata y que haya una oposición dividida. Es decir, que el peronismo no K tenga varias opciones. Cuanto más dividida la oposición, más chances para Macri.

Desde el punto de vista económico, los optimistas ven un mundo más estable y un Brasil repuntando. Además, si la economía rural tiene una buena performance y los mercados se abren para los países emergentes, todo mejora. Ahora, la visión pesimista es que Macri puede perder las elecciones en la medida en que la recesión no se revierta. Y, aunque ocurra, la economía estabilizada es una economía con una tasa de interés del 50%, una inflación anual del 35%, y con el deterioro de los salarios que no frena.

“Macri necesita que la economía no se deteriore más, que Cristina sea candidata y que haya una oposición dividida”.

Macri también está tironeado por la promesa hacia el futuro. Hay sectores que le piden más ajuste y ya no déficit cero, sino superávit fiscal. Le piden que sea Bolsonaro en lo económico: la reforma jubilatoria, y laboral, y que baje el peso del Estado en la economía. Todo eso es cada vez más difícil de pensar que sea posible desde el punto de vista político. Todo lo que no hizo en el primer mandato, ¿por qué va a hacerlo en el segundo? Por otro lado, tiene todo un sector que está viendo que se puede perder la elección en el altar del ajuste y que pide más Estado, más gasto público. Más Dante Sica, menos Nicolás Dujovne. Pero la realidad es que todo eso no está disponible.

El “plan llegar”, como lo llama Redrado, o el “plan picapiedra”, como lo llama Melconian, es en definitiva el “plan rezar”. Rezar por que tenga razón Dujovne, por que la situación cambiaria no se desestabilice, y por que la recuperación económica sea efectivamente en el segundo semestre para llegar más competitivos a las elecciones.

Los datos y los pronósticos tanto políticos como económicos que aparecieron a la vuelta del verano repusieron la preocupación del mundo económico: que la recesión sea más larga y profunda de lo que se piensa, que la inflación sea más alta y que, en consonancia con las últimas encuestas, sea complicado para el presidente. Con las reservas del caso, lo que hoy sabemos es que el camino a octubre no será fácil.

bookmark icon