El pensamiento insolvente

14 de Mayo de 2019 - Steve Forbes

 


La completa bancarrota intelectual de la mayoría de los políticos modernos se puso claramente en evidencia cuando el jefe del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, anunció de modo inesperado que la entidad emitiría una nueva ronda de préstamos baratos a los bancos en septiembre para ayudar a estimular las decaídas economías del continente.

A pesar de décadas de datos decepcionantes que demuestran que los bancos centrales no pueden regular el ritmo de la actividad económica en la forma en que un termostato lo hace con la temperatura de una habitación, los líderes políticos y económicos aún persisten en perseguir esta fantasía. El costo de la prosperidad perdida es inmenso. Si los bancos centrales y sus amos políticos persiguiesen el objetivo de las monedas estables, y si el dólar estadounidense se mantuviera fijo al oro, el bienestar material del mundo probablemente duplicaría lo que es hoy.

Los banqueros centrales y demasiados economistas no pueden comprender esta verdad básica: el dinero no es riqueza. La impresión de un montón de billetes en dólares no genera riqueza en sí misma. Simplemente significa que puede usar esos pedazos de papel para comprar un producto que otra persona creó. El vendedor acepta los pedazos de papel porque puede usarlos para comprar lo que quiera.

“Cuando los gobiernos imprimen dinero en exceso, el resultado es la inflación, un impuesto sigiloso e inútil”.

El dinero no es un comprobante para algo específico, sino para cualquier cosa que esté a la venta. Le permite intercambiar su trabajo o bienes por otras cosas. En efecto, el dinero es un recibo por el valor de los bienes y servicios que producimos y que deseamos vender.

Por eso la falsificación es ilegal. Si imprimís un billete de US$ 100 y lo usás para comprar algo, estás robando ese algo, porque ese Benjamin falso no fue el resultado de un bien que realmente se hizo. Cuando los gobiernos se dedican a imprimir dinero en exceso, el resultado es la inflación, que es un impuesto sigiloso e inútil.

Todo esto explica por qué la sabiduría de la política monetaria en estos días es mucho más perjudicial que la flatulencia de las vacas que preocupa a un creciente número de políticos alarmados. Los bancos centrales y los gobiernos no crean recursos. Ellos toman recursos del resto para sus propios fines. Es absurdo pensar que una nueva ronda de estímulos bancarios inútiles por parte del BCE llevará a Europa a un crecimiento sostenible.

Veamos los antecedentes. Lo que desencadenó el boom después de la Segunda Guerra Mundial en Europa, especialmente en Alemania y Japón, fue el dinero estable y los impuestos razonables. Por el contrario, Gran Bretaña se quedó rezagada, con una libra débil y tasas impositivas muy altas, hasta que llegó Margaret Thatcher. La FED intentó varias veces estimular la economía de Estados Unidos en 1970 al probar con “dinero suelto”, y el resultado fue una generación de terrible inflación y estancamiento.

A principios de 2000, presionado por el Departamento del Tesoro, nuestro banco central debilitó el dólar, lo que llevó a la debacle de 2008-2009. La FED inició una flexibilización cuantitativa (QE), quintuplicando su cartera con bonos del Tesoro y paquetes de hipotecas.

Aquí está el problema. Bajo QE, la Fed incautó casi US$ 4.000 millones en valores del sector privado. La combinación de esta incautación con las regulaciones que hacían extremadamente costoso para los bancos otorgar préstamos a pequeñas y nuevas empresas distorsionaba los mercados crediticios y sofocaba la economía. ¡Vaya estímulo!

Hay que enfrentar algunos mitos destructivos.
• Las economías no se “recalientan”.
• Los controles de precios sobre el costo del préstamo de dinero no funcionan.
• La política monetaria no puede superar las barreras estructurales no monetarias al progreso económico.

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