“El gobierno no puede volver atrás”

14 de Diciembre de 2018 - Leandro Zanoni

 


El grupo italiano ENEL designó a su nuevo Country Manager en Argentina. Nicola Melchiotti opina de la situación de Edesur en el país. Tarifas, inflación y las energías renovables del futuro.

Los tiempos argentinos tienen su propia velocidad. Más lentos o más rápidos, según cada caso. Eso supo Nicola Melchiotti cuando todavía no había pisado el país. Había sido elegido como el nuevo Country Manager para Argentina del Grupo italiano ENEL –que controla Edesur–, y desde el avión ya tenía un pedido para juntarse de inmediato con el también recién asumido ministro de Energía, Javier Iguacel. “El desembarco fue muy intenso (risas). Había pensado en un plan para tomar el control de la empresa en 90 días. Pero en 30 días ya estaba realizado, así que fue un proceso que se aceleró. Llegué en plena discusión tarifaria, con la crisis macroeconómica; fueron semanas difíciles. El exministro Aranguren ya se había ido”, cuenta en su oficina de Buenos Aires el ejecutivo de 40 años nacido en Roma. Su CV en materia energética es extenso: trabajó varios años en la reforma energética de la UE desde Bruselas, y antes estuvo una década en México liderando las operaciones para América Latina para la división de energías renovables Enel Green Power.

¿En qué consistía el plan inicial para tomar el control de la empresa?
Estuve a cargo de la región México y Centroamérica, así que conocía América Latina. Mi plan tenía varias etapas. Lo primero era la organización, conocer a la gente. Después a las instituciones del sector más relevantes: el Ministerio, los intendentes (que son parte importante como representantes de nuestros clientes), y la tercera parte era trabajar en los números de la empresa. Nuestro negocio es bastante complejo, tiene muchas variables.

¿Y entonces?
Y bueno, los hechos externos me obligaron a correr más rápido de lo que pensaba. La devaluación, la inflación que se disparaba y la preocupación desde afuera sobre lo que pasaba en el país. No se sabía si se iba a normalizar la situación o iba a empeorar. Todas las medidas que se han puesto en marcha desde el Gobierno me obligaron desde los primeros días a encontrarme con todos los actores principales. Me tomó muy poco tiempo entrar en el círculo institucional para hacer mi trabajo. Eso fue positivo.

“Durante años, la energía fue casi gratuita y las inversiones eran lO que sostenía la tarifa. No había ninguna interacción con
los clientes”.


¿Y ahora en qué estado están?
Saliendo de este periodo, estamos más enfocados en la preparación del Plan Verano, que es un objetivo muy importante. El plan no es solo técnico, sino que tiene diferentes etapas. Tenemos una de inversión, otra de mantenimiento preventivo, y le sumamos una capa social donde estamos poniendo especial foco en las áreas que son socialmente más delicadas (zonas donde hay villas, barrios carenciados, etc). Sabemos que son áreas conflictivas, donde pequeños acontecimientos luego generan todo el ruido que dificulta operar de manera natural. Hay una etapa de comunicación porque vi que estábamos un poco alejados de nuestros clientes. Ahora estamos redoblando los esfuerzos para acercarnos, tomar iniciativas internas y escuchar más.

¿A qué se refiere con “escuchar más”?
Para mí fue un shock ver que muchos de nuestros clientes no tienen medidores, por ejemplo. Tenemos una gran base de datos de clientes (2,5 millones) pero detrás de cada medidor hay una familia, historias, personas, alguien que tiene potencial. Y faltaba ese paso: ponerle rostro humano al medidor. Durante años la energía fue casi gratuita y las inversiones eran las que sostenían la tarifa. No había ninguna interacción con los clientes. Ahora estamos dando un paso más, buscando a nuestros clientes para saber quiénes son. Por ahora lo hacemos a través de canales digitales, que es la manera más rápida: Twitter y Facebook. Los clientes reclaman y usamos las redes para entender un poco más qué situación tienen y ofrecer un servicio adicional: dar consejos sobre cómo se usa la energía, darle un uso responsable, etc. Hicimos una campaña sobre cuánto consume un televisor, una heladera, cuánto cuesta bajar o subir el aire acondicionado. Es parte del plan de modernización.


¿Cómo están en el resto de los países?
En Europa muy avanzados, y tenemos objetivos de eficiencia energética para las décadas que vienen. En 2001 empezamos con la tarifa bio horaria para ofrecer dos precios diferentes según el horario del consumo. Se llama Dinamic Pricing. Tenemos datos sobre en qué momento del día conviene usar un lavarropas o cualquier otra cosa. Se les informa a los consumidores con una app del celular.

¿Es posible entonces iniciar este tipo de reformas en el país?
Posibilidades hay, se hizo en todo el mundo. La agencia internacional de energía diseñó un recorrido en etapas para todos los países gracias a las nuevas tecnologías. Argentina está en la etapa 1, que es cuando empiezan a llegar las energías renovables (con la nueva ley sancionada hace un año y medio). La renovable se va a complementar con lo que ya hay. Esa es la fase 2. Hay muchas plantas que operan muy pocas horas, entonces te cuesta mucho menos apagar la demanda que crear una planta nueva. Por la flexibilidad que tienen, pueden crear mucho valor para el sector energético. El sector compensa la falta de producción. Ejemplo: el aluminio. En una planta de aluminio, en lugar de operar en tiempo real, tenemos sistemas que desconectan miles de cargas. Para nosotros, ya que son grandes consumidores, es energía que no les damos. En lugar de construir líneas y plantas adicionales, estos picos los gestionan con flexibles (eso ya es etapa 3), como Alemania. Irlanda y Dinamarca ya están en la cuarta etapa. Países que generan mucha más renovable de la que necesitan, así que la exportan o electrifican su transporte.

¿En qué consiste el plan de digitalización?
Poder ver en tiempo real los datos de consumo de cada cliente. Tiene un gran potencial poder ver la demanda de la red, pero acá todavía no se hace. Para ver el consumo tengo que pedir a tres personas que se suban a un coche, vayan a una casa, toquen la puerta y le abran, saquen una foto al medidor, anoten un número, vuelvan y pongan ese número dentro de su computadora para mandarlo a un sistema. En Italia hay medidores inteligentes, que te dan todos los datos en tiempo real. Con eso se pueden hacer tarifas diferenciadas, por ejemplo.

Al respecto, ¿cuál es su opinión sobre el nuevo sistema tarifario?
Se dio un paso muy importante, porque antes no había un sistema. Entonces todo el mundo vivía al día con lo que tenía. Este sistema tarifario nos permite invertir, por ejemplo. Para este año invertimos $ 5.000 millones. Estamos avanzando, pero todavía falta. Es importante terminar esta parte del proceso para seguir invirtiendo. Creo que se inició con una división tarifaria integral, donde participaron todos los que escribieron las reglas, pero también en el camino se han perdido ciertas cosas.

¿Como cuáles?
En nuestro caso, el suministro en las villas en este momento lo estamos subsidiando nosotros. Lo mismo en la tarifa social. Seguramente en las próximas semanas lleguemos a un acuerdo. Es una deuda de $ 800 millones, aproximadamente. Pero repito: este esquema tarifario es el correcto, va por buen camino, se implementó bien.

Pero culturalmente fue –y sigue siendo– difícil el cambio tras la actualización tarifaria.
La gente tiene que entender que, si quiere un servicio de calidad, tiene que pagarlo. Este es un proceso que debe llegar al final. Si Argentina quiere ser un país industrial y competir a nivel global, tiene que tener un sector energético que funcione. Es una pieza muy importante en la productividad de un país; clave, diría. O funciona o no vas a ningun lado.

¿Qué consejo le daría al Gobierno en materia tarifaria?
Que no hay que volver atrás porque parece una solución sencilla, pero es un proceso que ha llevado mucho tiempo en construirse y que está bien encaminado. A futuro hay que finalizar el proceso, pero al mismo tiempo impulsar en el sistema las eficiencias necesarias para bajar las tarifas. Hay que abrir el mercado de comercialización porque acá en Argentina todavía es un mercado antiguo, en cuanto a las reglas del juego. Se mueve lento.

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