El cannabis a la conquista del campo

26 de Junio de 2018 - Franco Spinetta

 


El cáñamo es uno de los productos agrícolas más versátiles. Una idea que ya descubrieron países como China y Francia, y que empieza a mostrar su potencial en la región.

Puede el verde de los campos de soja argentina convertirse en enormes plantaciones de cannabis? ¿Es posible que de acá a unos años el enorme prejuicio que pesó sobre esta planta se convierta en un gran negocio? Sin duda, hoy suena algo alocado, por no decir imposible: una idea que nadie se atrevería a siquiera esbozar. O, mejor dicho, casi nadie, porque en Uruguay ya comenzaron a darle rienda (investigación, desarrollo, financiamiento) a la potenciación de las cualidades industriales del cannabis, muy lejos del universo fumón que todavía sobrevive en el imaginario de toda una generación.

Es sabido que el país vecino ya lleva la delantera en la liberalización del consumo recreativo, con una ley aprobada en 2013, que se puso en pleno funcionamiento el año pasado, después de que las farmacias comenzaran a vender marihuana a los usuarios registrados; además existe todo un universo de autocultivadores. Según datos del propio gobierno, con la legalización, el narcotráfico perdió un 18% de sus ingresos ilegales.

Menos conocido es el alcance de la misma normativa que contempla no solo aquellas variedades psicoactivas y medicinales, sino también al cáñamo con fines industriales, cuyos niveles de THC (el principal constituyente psicoactivo del cannabis) son menores al 1%. “Es uno de los productos agrícolas más versátiles, y es utilizado para producir más de 25.000 otros productos, como papeles, textiles, cosméticos, combustibles, pinturas, ropa, alimentos, materiales aislantes y de construcción, medicinas y bioplásticos”, señala Mercedes Ponce de León, una de las activistas más relevantes de Uruguay y referente de la ExpoCannabis.

Antes de que el cannabis cayera en desgracia por las políticas internacionales antidroga, y luego de una serie de convenciones que marcaron el rumbo, el cáñamo era un cultivo muy utilizado. Por ejemplo, el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA) de Uruguay encontró en sus registros que, hacia el 1900, se contrató a un especialista alemán, de apellido Berger, que ya había comenzado las investigaciones de cáñamo. En la década del 40, había 1.000 hectáreas sembradas de esta variedad del cannabis, cuyo destino eran principalmente los cabos de navegación.

“No fue hasta la década del 90 cuando Canadá, Europa y Australia retomaron la producción de cáñamo, de la fibra y del grano con fines alimentarios. Hay un gran potencial del desarrollo del grano y las fibras”, cuenta Fabrizio Giamberini, titular de la firma uruguaya Industrial Crops Ltda, enfocada en la producción de cáñamo.

Hace 12 años, Giamberini se enfocó en recuperar este tipo de explotaciones, con el eje en la producción agrícola. “Nos vimos enfrentados a situaciones legales que imposibilitaban el desarrollo. Comenzamos entonces a hacer lobby, con el gobierno, sectores políticos, para educar primero sobre la diferencia entre cannabis psicoactivo y cáñamo industrial con miras al desarrollo agroindustrial”, agrega.

Recién en 2010 lograron obtener una licencia y, junto al INIA, empezaron a hacer ensayos sobre la adaptabilidad de la especie, con condiciones de clima y suelo de Uruguay. Introdujeron tres o cuatro variedades y, durante tres años, tuvieron resultados promisorios. A partir de 2014, hicieron las primeras siembras en Uruguay, asociados con empresas del exterior, en una escala Semiindustrial. “Hoy podríamos decir que, después de años, pudimos obtener la experiencia de las variedades. Nos focalizamos en la producción de flores para la extracción del CBD, para aceites paliativos, con destino medicinal. También estamos apuntando a la obtención de granos alimentarios a partir del cáñamo, que es un producto rico en Omega 3 y 6. Tenemos la infraestructura y el conocimiento y, ahora, tenemos que desarrollar los mercados”, indica.

La producción de cáñamo está en ascenso. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación reportó que, en 2011, la producción mundial fue de 94.065 toneladas. China produjo la mayor parte (46.800), seguida por Francia (44.425), Chile (1.300), Ucrania (800) y Hungría (500).

El principal sector del mercado de fibras de cáñamo, el de las pulpas especiales para papeles de cigarrillo y aplicaciones técnicas, absorbe entre el 70% y el 80% de la producción. Francia es el principal consumidor. Otro sector muy importante es el de la industria del automóvil, el cual ascendió hasta cerca del 15% del mercado: aproximadamente 25.000 toneladas de fibras naturales se utilizaron en la industria automovilística europea. El sector de la construcción, referido a la utilización de materiales aislantes, consume el 5% de las fibras de cáñamo. Otros sectores de aplicación representan aproximadamente el 1%, incluyendo calzados y lechos de animales, entre otros.

El alcance de las restricciones a nivel mundial hizo que uno de los usos tradicionales de la fibra de cáñamo, en el rubro textil, fuera prácticamente discontinuado. Salvo en China, principal productor, donde el cultivo nunca fue ilegal. “Estas fibras tienen extraordinaria resistencia y durabilidad. Eso se debe a que estas largas fibras, además de celulosa, tienen lignina –alrededor del 8 al 10%–, lo que les confiere su notable resistencia. Otras características son su resistencia al moho, sus propiedades naturales antibacterianas, su poder de absorción –mayor que el algodón–, lo que permite excelentes teñidos. Además, el cáñamo es bloqueador de la luz ultravioleta, mantiene las formas de las prendas y no se arruga”, dice un informe de ExpoCannabis.

Con respecto al mercado de semillas, el referido a los alimentos de animales representa el 95%, comercializado como pienso o semillas para alimento de pájaros. Por otro lado, el sector de la alimentación y el de la cosmética constituyen el 5% restante. En el primero, se utiliza la semilla para la producción de alimentos en la forma de granos enteros y para la producción de aceite de cáñamo. La parte más pequeña del mercado la ocupa el sector de cosméticos.

Ponce de León asegura que, con el avance en la desregulación de su uso, las semillas de cáñamo podrán ser consumidas por la población. “Estos números crecerán, entonces, exponencialmente”, promete. “Es importante tener en cuenta que las semillas de cáñamo contienen más proteínas que cualquier otra semilla, son muy oleaginosas y ricas en vitaminas y aminoácidos, y lo más destacado es que poseen dos ácidos grasos esenciales –Omega 3 y Omega 6– que el organismo no produce, y que deben ser adquiridos a través de la dieta”, amplía.

En el mercado del papel, la planta tiene un rendimiento y valor ecológico que auguran un buen desarrollo. “Posee mayor concentración de celulosa que la madera, y permite obtener en mucho menos tiempo más papel por hectárea. Este requiere de poca transformación química y puede ser fácilmente blanqueado por peróxido de hidrógeno (agua oxigenada), seguro para el medioambiente. Con estas fibras, se puede elaborar un papel de alta calidad, más fuerte y duradero”, explica otro informe de la ExpoCannabis.

La expectativa del sector también está centrada en la utilización del cáñamo para la producción de biocombustibles. De vuelta, Ponce de León: “El cannabis, a partir del aceite de su semilla, ofrece ventajas como potencial fuente de biocombustibles. Tiene un mejor desempeño respecto de los elaborados a partir de otras plantas, como soja o colza, y un balance favorable de carbono, lo que permite amortiguar el cambio climático. La generación de biocombustibles, así como de alcohol a partir del cannabis, lo convierte en un producto de gran potencial, una vez que los cultivos sean de gran escala”.

La planta de cannabis tiene un ciclo estimado de 120 días; por lo tanto, en casi todo el mundo (dependiendo del clima), se pueden tener varias cosechas anuales. La planta no necesita la utilización de muchos agroquímicos y, cuando se cosecha, genera abundante biomasa para el suelo y lo ayuda en su recuperación.

Así las cosas, Giamberini concluye en que están dadas las condiciones para “masificar la producción”. “Plantar cáñamo depende de la tecnología y el objetivo. Cada variedad tiene su método de producción. La consolidación del mercado de exportación es un trabajo continuo. Tenemos una gran producción, sabemos hacerlo, pero tenemos que trabajar para ser exitosos en los mercados internacionales. Estamos todos enfocados en garantizar calidad”. Ese es el desafío.

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