Del maletín al morral

8 de Agosto de 2018 - Sofía Smolar

 


Gustavo Annoni ejerció su profesión de abogado durante más de una década. Y, en su tiempo libre, comenzó a confeccionar y fabricar manualmente bolsos de cuero. Hoy, Annoni Bags vende 60 bolsos por mes, todos hechos artesanalmente.

No le gusta que le digan artista, ni artesano. “Soy un trabajador”, dice Gustavo Annoni, en su pequeño pero acogedor local, que también es su taller y su espacio creativo. En una mesada, están sus herramientas de trabajo: remaches, pinzas, herrajes, el lápiz de grafito; debajo, los pedazos de cuero crudo. Algunos, ya son moldes. En las paredes, sobre estantes que él mismo construyó, se exhiben las materas, los morrales, maletines y carteras que fabrica y vende bajo su marca: “Annoni”.

Es un promotor del selfmade. Annoni es, además del dueño, el diseñador y fabricante. Compra el cuero crudo en Boedo con su moto, dibuja y corta la moldes en su taller, hace los agujeros y se encarga de todo el proceso de armado. Cada producto le lleva aproximadamente seis horas de trabajo, porque todo es a mano. Annoni es uno de esos proyectos que llevan la cara del emprendedor, no por ego sino por trabajo e historia personal: comenzó en su casa con una mínima inversión de $ 1.000 y hoy supera el millón al año.

Pero Gustavo no siempre fue un emprendedor apasionado; es abogado recibido desde los 24 años y, durante una década, ejerció la profesión en causas de propiedad intelectual. Un día, a la vuelta de sus primeras vacaciones de dos semanas –siempre se atrevía a tomarse solo siete días–, lo despidieron, sin razón alguna. “Entré en crisis un tiempo, pero me recuperé y, en 2011, armé mi propio estudio de abogacía para sucesiones, despidos, cualquier cosa que surgiera. Hasta que llegó el día de esa imagen que me hizo abandonar el mundo del maletín y los juzgados”. La imagen disruptiva: verano de diciembre, a 30ºC, Gustavo está en un registro de propiedad automotor por escribir una sucesión y ve a un hombre de 50 años en traje, transpirado, con miles de papeles en la mano. ¿Su gesto? Poco feliz. “Y yo me vi, lo vi igual a mí, era yo en unos años. Esa imagen me mató”, dice, y lo recuerda con gracia mientras agujerea un pedazo de cuero crudo.

De Annoni abogado a Annoni Bags

El tiempo libre puede condenar a la inactividad o puede hacer que se descubran nuevas cualidades que nunca se hubiesen imaginado. En 2013, Gustavo ya era exabogado y, en su tiempo libre (la mayoría de su tiempo), se interesó por un curso de moldería y confección. Todo surgió a partir de la idea de hacerse su propio bolso de viaje. Se inspiró en un modelo de Estados Unidos, pero se enfocó especialmente en un producto bien argentino: un bolso de cuero crudo, hecho a mano, que con el tiempo tomaría su color, forma y personalidad, sin posibilidades de romperse o estropearse. “Hay más posibilidades de perderlo o de que te lo roben, pero un Annoni no se rompe jamás”, dice.

Los primeros clientes fueron los amigos. Luego llegó la tienda online, las redes sociales, y, junto al mercado digital, llegaron más pedidos. En 2015, el modelo de negocio no daba para más: “Comencé a producir y tenía el living y las habitaciones de mi casa completamente tomadas. Eso también podía traerme algunos problemas con mi novia”. Con una inversión de $ 100.000, pudo inaugurar el espacio en Palermo que hoy es su taller y su local.

Modelo de negocio: a mano

Es cierto que los modelos de producción de hoy van en contra de su idea de negocio pero, en definitiva, ahí radica el diferencial de Annoni: “Nadie, ningún diseñador, quiere hacer lo que yo hago, porque nadie imagina tener un negocio que fabrique uno o dos productos por día en un cuero tan grueso que no se pueda ni coser a máquina”.

Por eso, la marca destaca y logra también ser competitiva en mercados internacionales y desarrollados, donde un producto así podría duplicar el precio de un Annoni. Su principal cliente es el turista y muchos europeos lo miran con un gesto cómplice, haciéndole entender que su producto, afuera, podría valer mucho más.

Gustavo se contenta con el mercado nacional pero piensa en una expansión, en cruzar las fronteras, en llevar su producto argentino y “artesanal” a recorrer el mundo. Pero, por ahora, eso lo hacen sus clientes. A través de las redes sociales –según él, su principal vidriera–, recibe a diario fotos de su producto en historias viajeras: desde el norte argentino hasta Madrid, desde un festival de música en Berlín hasta el Mundial en Rusia. “Es increíble lo que se genera con los clientes, porque sienten tan propio un bolso que generan un sentido de pertenencia con la marca”.

Hace no tanto, unos amigos del secundario de Gustavo andaban viajando por Europa y un extranjero se les acercó y les preguntó: “¿Esa matera es una Ánnoni?”. Los compañeros corrigieron al europeo: “¿Qué Ánnoni? Esto lo produce un pibe de mi barrio, Villa Devoto, que se llama Gustavo”.

 

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