De la NASA a la nube

23 de Octubre de 2018 - Tomás Rodríguez Ansorena

 


Eugene Danilkis abandonó las “misiones críticas” de la agencia espacial para fundar Mambú, la startup alemana de software que ya conquistó los bancos en más de 56 países.

Antes de crear Mambu, Eugene Danilkis trabajaba en proyectos para la NASA. En “sistemas de misión crítica”, según él mismo explica: “Algo muy caro, que no puede fallar y que, en general, solo puede ser usado una vez”. Ahora que desarrolla software para bancos y entidades financieras, sabe que ese aprendizaje fue crucial: “La contabilidad no puede funcionar en un 80%, el sistema de seguridad de una base de datos fiscales no puede tener fallas”. Es que la tecnología es un factor crítico del negocio bancario de lo que antes llamábamos futuro pero no es ni más ni menos que el presente.
Mambu nació en 2010, luego de una extensa investigación sobre cómo la tecnología en la nube podía atender a las necesidades de las entidades financieras. Junto a Frederick Pfisterer, cofundador y actual COO de Mambu (el trío cofundador se completa con Sofía Nuñez), visitó muchas start-ups de microfinanzas africanas, donde la escasa penetración bancaria fue superada con innovación. “Como cualquier compañía moderna de servicios, tu fortaleza está definida por tu talento”, dice Danilkis, nacido en Ucrania, criado en Canadá y establecido en Berlín. Prueba de ello es que, con solo 150 empleados, proveen Software as a Service (SaaS) a entidades financieras de primer nivel en 56 países, contabilizando 180 millones de transacciones al mes. En 2017, instalaron una oficina en Miami para atender el mercado latinoamericano y también a Argentina, donde sus principales clientes son las fintech Nubi (COMAFI), Alumbra (Macro) y Wenance. “Creo que Latinoamérica está mostrando mucha innovación y se está moviendo muy rápido. No solo en las fintech sino en entidades financieras tradicionales”. Mambu apunta a duplicar su negocio en la región y replicar su éxito en Europa, donde están asociados a bancos como el ABN AMRO holandés o el “banco móvil” alemán N26.

¿Cómo explicarías SaaS conceptualmente? ¿Qué tiene de original?

Software as a Service, básicamente, implica proveer una aplicación de software alojada en la nube. Eso significa que nos ocupamos de la propia nube, de la infraestructura necesaria, de que sea adecuada a las necesidades del cliente, que sea segura y esté actualizada. En resumen, nos ocupamos de la aplicación, de la infraestructura y su mantenimiento con soporte técnico. Es decir, es contrario del esquema tradicional, en el cual vos comprabas un software determinado que recibías en un DVD y pasabas a tener completo dominio sobre él: el código fuente, su mantenimiento, su actualización; y, si tenías algún problema, alguien venía a solucionarlo pagando lo correspondiente.

¿Cómo impacta este cambio en la relación con el cliente?

En este nuevo modelo, somos sus socios, administrando y mejorando nuestro producto para sus necesidades. En el modelo tradicional, al cabo de unos años, quien te vendía el software intentaría venderte una versión mejor y más moderna unos años después. En el modelo SaaS, no: los cambios y actualizaciones suceden todo el tiempo de acuerdo con tus necesidades y los avances tecnológicos. Ya no tenés que enfrentarte a una renovación completa y a menudo difícil de tu software, sino a su continua evolución. Por otro lado, usamos siempre la misma base de código con una interfaz muy intuitiva y fácil de operar para el propio equipo de sistemas de nuestros clientes. Mambu aplica todos estos principios a los negocios financieros.

¿El resultado es reducción de tiempos y costos a largo plazo?

Son nuestros dos objetivos. La idea es pensar a los bancos como compañías tecnológicas modernas, lo que significa que necesitás mucha agilidad y flexibilidad para reaccionar rápidamente a las oportunidades de mercado, cambios en las regulaciones, o en el comportamiento de los clientes. Todo eso que necesita hacer una compañía tecnológica, nosotros lo pensamos y desarrollamos para los bancos, que históricamente se adaptaron muy lentamente a los cambios. Lo que hacemos nosotros es permitirles a los bancos comportarse como compañías tecnológicas. Y buena parte de ello sucede porque pueden automatizar procesos, basándose justamente en las aplicaciones de la nube: básicamente reducen la huella física donde tienen retornos menos altos y vuelcan recursos donde realmente los necesitan, donde hay valor.

La transformación digital de los bancos siempre supuso una gran inversión, lo cual sugiere la idea de que es más probable que nuevas compañías fintech se apropien de los nuevos negocios financieros en lugar de los bancos tradicionales. ¿Qué opinás al respecto?

Las start-ups o nuevas compañías fintech se están volcando a iniciativas específicas en las que sienten que tienen un diferencial muy fuerte respecto de los bancos y, en general, eso lo hacen enfocándose en clientes específicos, un servicio particular o una experiencia de consumo, guiados por una perspectiva de cliente. Compañías como N26 o Revolute, por ejemplo, se enfocan en la experiencia del cliente y ofrecen un servicio premium que es más costoso que el de un banco tradicional, porque la experiencia es mucho más positiva. Otras compañías, por el contrario, se enfocan en reducir costos a través de una solución tecnológica. Yo creo que los bancos ya se dieron cuenta de lo crítico que es para su negocio proveer o un sistema más eficiente y menos costoso, o una experiencia objetivamente mejor para así poder cobrar extra.

Pero el cambio pareciera lento…

Hay un estudio de PwC que dice que el 80% de los CEO de los bancos están preocupados por la velocidad del cambio tecnológico. Pero tienen que adaptarse estratégicamente a esta situación. Lo que pasó en los últimos años es que algunos bancos emprendieron proyectos multimillonarios que quedaron básicamente en la nada: no podés comerte una ballena de un solo bocado. Su enfoque ahora, más saludable, son negocios más pequeños donde puedan ser más competitivos y tener una perspectiva más fresca de lo que necesite el cliente en un área particular.

Existe la idea de que el problema de los bancos tradicionales es que los productos y servicios que venden son los mismos de hace 100 años. ¿Cuáles son los negocios bancarios del futuro?

Yo creo que se trata del “tailoring” de los productos. A fin de cuentas, son pocos los servicios que la gente necesita: dinero prestado (créditos), un lugar para ahorrar u obtener beneficios (inversión) y formas convenientes de transacción. Lo que cambió en los últimos años, fundamentalmente –y que es básicamente lo que habilita la tecnología–, es pensar directamente desde la demanda, desde la perspectiva del cliente.

El big data y la inteligencia artificial entran acá, entonces.

Exacto, porque intentan resolver una cuestión central: si vos, como cliente, venís al banco a pedir un préstamo de US$ 100, no vas a necesitar lo mismo que yo, aunque también pida un préstamo de US$ 100. Tenemos sueldos distintos, hábitos distintos, plazos distintos. Lo que una experiencia digital habilita, así como una estructura ágil y flexible, es diseñar a medida ese préstamo de US$ 100. Si tuvieras que hacer eso sin un respaldo de automatización, tu negocio sería completamente antieconómico. A eso, precisamente, nos dedicamos nosotros.

Si la palabra clave es “tailoring”, ¿las regulaciones son una barrera?

No necesariamente. Las regulaciones están hechas para proteger a los individuos. En nuestro ejemplo de los US$ 100, sirven para que nadie ofrezca un servicio diseñado para parecer conveniente pero que a fin de cuentas es abusivo. Lo mismo con depósitos o transacciones, las regulaciones deberían proteger el dinero y la información privada de las personas. Por lo tanto, no van en contra de mejores y más personalizados servicios, lo cual sucede en muchos países que están favoreciendo la innovación tecnológica para contrarrestar a los cuatro o cinco bancos que controlan el mercado. Las regulaciones son importantes para asegurar la competencia.

La interoperabilidad es un punto importante en ese caso.

Se convierte en un problema si los bancos no son, de alguna manera, forzados por las regulaciones a habilitarla. Sin interoperabilidad, se crea una brecha que sostiene el predominio de los grandes. Hay muchos ejemplos de regulaciones sobre el libre cambio de cuentas y sobre la posibilidad de que las compañías operen con bases de datos, entre otros.

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