Argentina en un mundo vulnerable

17 de Noviembre de 2016 - Eduardo Costantini

 


Soy optimista con el futuro de la Argentina. Es verdad que la economía mundial presenta un alto grado de incertidumbre. Se podría decir que está anémica hace años: nunca se recuperó del todo de la crisis 2008/9, y nos enfrentamos a una caída estructural del crecimiento de la economía china, Europa con bajo crecimiento, Japón que no puede reflacionar su economía y una política monetaria mundial distorsiva, excesivamente expansionista pero ineficaz.
Sí, estamos en un mundo más vulnerable. Pero, si bien a la Argentina estos factores la impactan, hay mucho que podemos hacer y aprovechar.

Efectivamente, nuestro país necesita un proceso de inversión sostenido por insuficiencia de producción energética (sustentable y tradicional), y lo mismo ocurre en transporte y en infraestructura en general. A su vez, una reducción de la inflación traería una mayor monetización y el surgimiento del crédito hipotecario. Todo esto en un contexto de disponibilidad de capitales internacionales, a un costo accesible.

En lo económico, vivimos una nueva etapa, de acercamiento al mundo en general, y al occidental en particular. Con una política más amigable, que logró que el país saliera del default, llevó al dólar a un valor razonable y se insertó rápidamente en el mercado de capitales. Una política que tiene más en cuenta las reglas y que pretende regirse por un presupuesto realista.

La Argentina está siendo mirada con otros ojos, más optimistas, como un país que quiere ir en la dirección correcta. En muchos sectores, el entusiasmo inversor ya se manifesta. Cuando el Gobierno hizo la licitación de producción de electricidad, fue sobresuscripta más de cinco veces. Otros sectores, como el agrícola-ganadero, tienen mayor actividad y dinamismo que el año pasado. En el sector inmobiliario, vemos más actividad desde 2015: tenemos una mayor demanda, lo que nos permite tomar más ritmo que antes en el desarrollo de los proyectos.

No obstante, la cultura argentina y sus problemas de productividad, exclusión social, pobreza, corrupción y falta de inversión siguen presentes, y seguirán estando por largo tiempo, porque son estructurales

¿Qué hacer?

El desafío urgente es lograr consenso político y social, un acuerdo hacia un camino en donde haya una convergencia en las variables macroeconómicas. Solo así podremos generar un consentimiento sobre la redistribución del ingreso que nos permita avanzar sobre la reducción gradual de la inflación. Lo cual, a su vez, permitirá que el país se enfoque más en el crecimiento económico a través de las mejoras de la productividad y la apertura económica. Porque la inflación, en el fondo, es la manifestación del desacuerdo en cómo debería ser la participación de los distintos sectores, que hoy lo único que hacen es remarcar precios -la famosa cultura inflacionaria-, un flagelo estructural.

En cuanto a los desafíos políticos a largo plazo, es fundamental que logremos estabilidad política. Me refiero a una política de Estado sostenible y a una alternancia armoniosa en el poder. Que la política de cada gobierno no sea antagónica con la del anterior. Que el cambio de mandato no sea una situación traumática. Que haya democracia, república, transparencia, para enfrentar el desafío principal: la pobreza.
Sólo el crecimiento sostenido a largo plazo puede llevar al desarrollo de un país, que trata de mejorar la calidad de vida de sus habitantes a través de la inclusión social, mayor educación, crecimiento estructural de la inversión y mayor acervo de capital. En cinco o diez años, me encantaría ver una Argentina con estabilidad política y económica, embarcada en un proceso de disminución de la pobreza, que sin dudas es un proceso largo que debe estar acompañado de mejoras en la educación, la vivienda y la salud.

Frente a esto, los empresarios estamos llamados a trabajar con honestidad, a desarrollar nuestra sensibilidad social y a ser eficientes en nuestro trabajo.

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