Andrés Oppenheimer: “Tenemos que reinventarnos”

1 de Octubre de 2018 - Leandro Zanoni

 


El periodista argentino radicado en Miami vino al país a presentar su nuevo libro sobre el futuro del trabajo. Robots, Inteligencia Artificial y las industrias que corren más peligro.

N o deja de viajar por todo elmundo, pero Buenos Aires siempre lo sorprende. Vino a presentar su último libro, ¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización (Random House Mondadori), donde explica cómo la revolución en la robótica impactará en la economía y el empleo. “Acá hay de todo, desde piqueteros hasta personas que ya están preparadas para la robotización”, dice, y anota la dirección del primer restaurante porteño que atiende sin personas.

¿Te imaginaste en tus comienzos como periodista que escribiría un libro sobre robots e inteligencia artificial?

Hace 40 años, no, pero desde hace 20 vengo investigando qué es lo que hace que algunos países crezcan y reduzcan la pobreza y otros no. Viajé por el mundo averiguando y analicé la educación, la creatividad y la innovación, y este libro nació cuando pensé: “Fantástico, podemos ser más educados y más innovadores, pero
si nos va a reemplazar una máquina inteligente todo eso ya no sirve más”.

¿Tan complicado se presenta el futuro?

Me impresiona la cantidad de gente que no tiene la menor idea del tsunami de aceleración tecnológica que viene en cinco o diez años. Acá tenemos la cabeza en shock por el escándalo de los cuadernos, pero te apuesto que en pocos años te habrás olvidado de quién es Oscar Centeno. En cambio, el problema del trabajo y la robotización lo vas a tener muy presente, te va a tocar muy de cerca.

¿Qué industrias son las más amenazadas?

Todas, no zafa nadie. Arranco analizando las principales profesiones: banqueros, abogados, médicos. Los periodistas son los que más conozco y unos de los más afectados. En Estados Unidos, casi el 40% perdió su trabajo. Y tiene mucho que ver la tecnología. Un ejemplo: trabajo todos los días en la televisión y antes tenía cinco cámaras y cinco camarógrafos; ahora tengo cero, porque son cámaras robóticas. Antes había iluminadores, ahora ya no. Son decenas de miles de empleados.

¿Qué tipo de libro encontrará el lector?

Si ven el título, creerán que es un tratado apocalíptico sobre la ola de desempleo que se viene y vamos a quedar todos en la calle. Pero todo lo contrario: el libro termina con esperanza, con los empleos que se vienen y todas las nuevas oportunidades que se van a abrir. En el fondo, soy un tecno-optimista a largo plazo, pero creo que, a mediano y corto plazo, la transición va a ser muy difícil, muy traumática.

¿Cómo creés que reaccionará la sociedad?

Así como en los últimos 20 años tuvimos movimientos antiglobalización, ahora veremos movimientos antirrobotización, porque el desempleo que se viene va a producir una reacción. Ya la vemos. Hace poco, la revista del New York Times puso en tapa: “Silicon Valley no es tu amigo”, y hay movimientos antirrobots como la
huelga de los empleados de los casinos en Las Vegas. Las reacciones no van a triunfar ni cambiarán el curso de la historia, pero serán muy ruidosas y complicadas para los gobiernos.

Dice que es optimista, pero a largo plazo…

Cuando empecé el libro, en 2013, los grandes gurúes tecnológicos eran optimistas y decían: “La tecnología generará más empleos de los que va a destruir”. Pero, cuando lo terminé este año, esa idea cambió totalmente. Los mismos que entrevisté ahora no están tan seguros como antes. Mark Zuckerberg o Bill Gates, que antes eran superoptimistas, hoy se muestran preocupados. Creo que la clave será la transición. Todos, personas, empresas y países, tenemos que prepararnos ya para el tsunami tecnológico y el desempleo que se vienen. Y tomar medidas para reinventarnos.

¿Cómo cuáles?

Al menos dos. La primera: tener plan B, C y D. Nunca meter todos los huevos en la misma canasta. Si sos el gerente general de una gran automotriz, te sugiero que tengas un hobby, porque ese puede terminar siendo tu trabajo principal. Se valoriza el trabajo no industrial, a medida, para satisfacer nichos muy específios, como también el trabajo part-time. Dos: la educación permanente. Ya no va más eso
de que las universidades que te educan durante cinco años te dan un diploma, lo colgás en la pared y todos felices. Ir a la universidad es como suscribirte anualmente a una revista. Caduca. Todos vamos a tener que volver a estudiar a los cinco, a los diez y a los 20 años de recibirnos porque, en nuestra vida laboral, vamos a tener que reinventarnos seis veces. Lo aprendido en la universidad hace 20 años
hoy es totalmente obsoleto.

 

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