El acuerdo nuclear con Irán

10 de Enero de 2018 - Steve Forbes

 


En octubre, el presidente Trump recibió una catarata de silbidos cuando rehusó “certificar” el cumplimiento de Irán con el pésimo acuerdo nuclear que selló Barack Obama.

Los europeos, Rusia, China y varios expertos y políticos nacionales (incluidos algunos del propio gobierno de Trump) lo criticaron. El acuerdo, negociado en 2015, allanó el camino para que en menos de una década Irán pueda desarrollar armas nucleares legalmente.

Recuerden que Obama no impidió, sino solo demoró que Irán pudiera hacer lo mismo que está haciendo Corea del Norte: conseguir bombas nucleares. Además, a Irán le dieron carta blanca para desarrollar los misiles balísticos que podrían dirigir esas armas hacia Estados Unidos, por no mencionar Europa o los vecinos de Irán en Medio Oriente.

Tan mal negociador fue el expresidente que ni siquiera insistió en la condición de que Irán pusiera fin a su apoyo masivo al terrorismo, a sus flagrantes violaciones de derechos humanos y a sus ambiciones imperiales, que convertirían a Siria, Libia, Yemen e Irak en satrapías de Teherán, y a Egipto, Arabia Saudita y los países petroleros del Golfo en sus satélites.

La queja principal contra Trump es la suposición de que, técnicamente, Irán no violó el acuerdo. Entonces, ¿para qué preocuparnos por lo que pueda pasar después cuando hay tanto para comerciar con este ex Estado paria? Después de todo, hasta Estados Unidos podría hacerse con algo del botín, como lo demuestran los aviones que Boeing venderá por US$ 17.000 millones.

¿No fue Lenin quien dijo que los capitalistas venderían la soga con la que los terminarían colgando?

Para coronar esta locura está el hecho de que el pésimo acuerdo de Obama no obliga a los veedores internacionales a inspeccionar las varias instalaciones militares y laboratorios para asegurarse de que Irán esté cumpliendo con el acuerdo. Trump no se salió del acuerdo, lo cual tiene derecho a hacer ya que Obama nunca lo presentó en el Senado para que fuera ratificado formalmente.

En cambio, este llamado Plan de Acción Conjunto y Completo obtuvo fuerza de ley solo con la firma de Obama. Es un acuerdo bilateral, el equivalente a un decreto presidencial en política exterior, nada más.

De todos modos, dentro del acuerdo, Estados Unidos tiene derecho a sonar la alarma si considera que su seguridad está en riesgo. El Congreso tiene derecho a hacerlo, pero dada su reciente incapacidad para hacer lo que fuera (circula el chiste de que si querés detener el envejecimiento, basta con presentarlo al Congreso) no parece que vaya a actuar.

En ese caso, la Casa Blanca podría tomar acciones. Si nuestros socios comerciales tuvieran que elegir entre el acceso al mercado estadounidense o al mercado iraní, no hay duda de cuál elegirían.

Dada la innegable crisis que ha provocado Corea del Norte, ¿por qué no hacer todo lo posible para impedir que se repita lo mismo con los extremistas islámicos de Irán?

Ante el deplorable acuerdo de Obama, nuestro lema debería ser claro: arreglalo o tiralo. Por suerte, hasta ahora la gestión Trump no está tomando el camino fácil de patear para adelante el tema nuclear.

El Tesoro de los Estados Unidos acaba de calificar a la poderosa Guardia Revolucionaria iraní –que controla casi un tercio de la economía del país– de grupo terrorista, lo cual nos permitirá imponer duras sanciones al país.

Tenemos que extender eso e imponer sanciones devastadoras a Hezbollah. Un Irán ambicioso, radicalizado y con armamento nuclear es, a largo plazo, una amenaza mucho más grande que Corea del Norte.

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